Nacimos en la obsesión.

Somos la estética de las cintas gastadas y las películas de culto que veías de madrugada. Somos el ruido saturado que suena en el underground y la distorsión de una guitarra reventando los amplificadores; esa misma energía cruda, pesada y sin filtros a lo Nirvana que te grita que no viniste a encajar.

Somos nostalgia, pero no de la que te hace mirar atrás, sino de la que te hace querer romperlo todo hoy.

Es el eco de las llantas de uretano golpeando el concreto a las tres de la mañana. El sonido de la lija raspando tus tenis, la adrenalina de tirarte por unas escaleras y la certeza de que el golpe contra el asfalto es parte del proceso. Nuestra identidad se construye en las rodillas raspadas y en la rebeldía de levantarse para intentarlo otra vez.

Somos el Do It Yourself llevado a su límite: si no encontramos el corte exacto o el acorde perfecto, lo rasgamos, lo manchamos de tinta y lo construimos nosotros mismos con nuestras propias manos.